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10 jul 2011

Lettre a toi... / Carta a tí... (con traducción)

Le 7 juin 2011.

Le plus, le moins. Difficile à dire ce que tu as été dans ma vie jusqu'à cette date-là: le plus d'ilusions, le plus de romantisme, le plus de considérations, le plus de patience, le plus d'optimisme. Mais aussi le moins. Les extremes de ces aspects. De tous les aspects.

Je viens ici pour tout te remercier. Pour avoir semé tant de bonnes choses et pour m'avoir aidé à cerner tant d'autres, pas toujours aussi bonnes. Mais, aussi, je viens te remercier pour être parti en brûlant tout ce qu'avait poussé, en séchant tout ce qui était déjà bien arrosé.

Je te remercie sincérement, sans ironies ni sarcasmes. Je te remercie tout simple et profondement.

Oui, parce que je sais que tu as semé en moi autant que j'ai semé en toi. Et je sais que tu as brûlé chez moi autant que ce que j'ai brûlé chez toi. Et les deux actions étaient nécessaires. Complementaires même.

Alors aujourd'hui, une fois tout compris, tout analisé, je te pardonne tout le mal qu'avec tes petits gestes quotidienset ton départ final tu m'as fait. Il m'a pris trois années et la guide d'un bon ami, pour me rendre compte de tout le mal que je nous infligeáis.

Et même si nous n'arrivons jamais à nous en parler, je veux que tu saches que je n'ai gardé que les beaux souvenirs et les jolis moments que nous avons partagés.

Merci, alors, d'être vénu.
Merci, encore, d'être parti.
Merci, maintenant, de rester juste en toute bonté.
Merci, à nouveau, pour être.
Merci, peut-être, pour ce que tu seras dans ma vie d'ici en plus.

Il ne me reste que souhaiter que tu me pardonnes pour atteindre, à ta fois, ta propre libération.

Je t'embrasse.

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7 de Junio de 2011

Lo más, lo menos. Difícil de decir todo lo que fuiste en mi vida hasta ese momento: el máximo de ilusiones, el máximo de romanticismo, lo máximo de consderaciones, lo máximo de paciencia, lo máximo de optimismo. Pero también lo menos. Los extremos de estos aspectos. De todos los aspectos.

Vengo aquí para agradecerte. Por haber sembrado tantas cosas buenas y por haberme ayudado a tamizar tantas otras, no siempre tan buenas. Pero, también, vine para agradecerte el haber partido quemando todo lo que había germinado, quemando todo lo que estaba bien regado.

Te agradezco sinceramente, sin ironías ni sarcasmos. Te agradezco, simple y profundamente.

Sí, porque sé que sembraste en mí tanto como yo en tí. Y sé que quemaste en mí tanto como lo que quemé en tí. Y las dos acciones eran necesarias. Incluso complementarias.

Entonces hoy, una vez entendido todo, analizado todo, te perdono todo el mal que, con tus pequeños gestos cotidianos y tu partida final, me hiciste. Me tomó 3 años y la guía de un buen amigo, el darme cuenta de todo el mal que yo nos infligía.

E, incluso si no llegáramos a hablarnos jamás, quiero que sepas que no guardé sino los lindos recuerdos y los bellos momentos que juntos compartimos.

Gracias, entonces, por haber venido.
Gracias, de nuevo, por haberte ido.
Gracias, ahora, por permanecer -simplemente- de buenas.
Gracias, de nuevo, por ser.
Gracias, quizás, por lo que serás en mi vida de aquí en más.

No me resta sino desear que me perdones para conseguir, tú también, tu propia liberación.

Te mando un beso.

3 sept 2010

Eres libre

Te libero de la condena.

Eres libre de partir.

Aún no sé por qué tu simple recuerdo despertaba mi rabia.

Quizás fuera el sentir que había perdido mi tiempo al estar con alguien que, a la larga, resultó de tan poco peso en mi vida.

Te debo, sin embargo, sustancia.

Sí, me devolviste la confianza de ser mujer plena luego que yo era escombros de mí.

No me hiciste mujer, ya yo lo era por definición de sexo. Pero me devolviste la confianza de mujer. Eso te lo agradezco. Y te lo habré de agradecer siempre.

Pero no estuviste a la altura de lo que era mi espectativa de pareja. Me amaste en cuanto criatura frágil y emocionalmente dependiente. Siendo ya firme, segura, completa, te espantaste y, abrogándome culpas que yo no tenía, te fuiste.

Y luego, 3 años después, me veo plena, hecha, constituida, solidificada. Hice lo que nunca pensé que podría hacer: vivir sola y ser feliz así.

No puedo culparte por amar la frágil indefensión de las mujeres. En el fondo eres más macho que lo que tus padres pretendieron educarte y de lo que tú admites ser. Pero es una manera más de enfocar la vida. Y seguramente habrá quien te ame precisamente por ser así.

No puedo excusarme por haberme transformado en la que soy, haber crecido para ser quien soy. Sólo saqué provecho de lo que me fue dado a través de mis vivencias.

Así que, en la neutralidad con la que contemplo todo lo que nos pasó y todo lo que te hizo salir a toda prisa de mi vida batiendo puertas tras de tí, me doy cuenta que he perdido tiempo y energías mías al recordarte con rencor.

Pero lamentar mis energías o mi tiempo perdido, tampoco lo repondrán. Digamos que no estaba yo emocionalmente preparada para ver todo con la calma y la ponderación con las que lo contemplo hoy...

... así que, tampoco eso me lo reprocho ni te lo endilgo.

Quedas pues, libre de toda culap. De polvo y paja. De acusaciones o espantajos. Libre.

Sigue tu camino. Ya en mi corazón no hay espacio para recordarte sino como un ser que vino a mi vida a traer luz en momentos oscuros y a abonar el terreno que serviría para que otros caminos se abrieran ante mí.

Entre la arrogancia de pecar de soberbia, prefiero pecar de simplona: al liberarte, me acabo de soltar a mí...

3 feb 2010

Carta a tí que me dejaste aquí. Carta 3

Se me desgastó la mano de acariciarte.
Y supedité mis deseos a tus acciones.
Se me ocurrió intentar convencerte de amarme.
Pero sólo sabías quererme. Y a tu manera.

Salí entonces al patio.
Ví, extendida, como en una mesa, servida de cena, la luna y las estrellas.
Se me salieron las lágrimas y se deslizaron, cuesta abajo todas mis ideas.
Tomé dos de ellas, aquellas con las que podía vivir.
Y regresé a la casa. Y no hablé de ellas.

Esa noche me las comí, untadas de esperanza y salpicadas de ilusión.
Fui a la cama a dormir. Acompañada de tí, pero no contigo.
Y soñé que era una niña, y que jugaba y decía cosas.
Pero en ninguna frase decía que estaba rota.

En pedazos, fragmentada. Ausente de mí y de mis nostalgias.
Supeditada a tí y a tus calmas.
Anclada a tí y a tus desganas.
Me fui anulando, entumeciendo, desengañando.

Y un día, harta, dispuesta a todo menos a cortar mis alas, me fui volando lejos, fuera de esa casa.

Me fui lejos, tanto como tu mirada.

Y me volví esta que soy ahora: la muñeca de vida rota y cara alegre que transita a ratos por una cuerda floja, y casi siempre con la esperanza hecha vida en su boca loca.

4 nov 2009

Carta de mí para tí (n° 3)

Que me quieres ver, dices.
Dale, veámonos.

Con tu nueva novia, dices.
Dale. Veámonos con ella.
Que te proteja ella de mí.
Porque tú, admitámoslo, no sabes protegerte de mí.
Y lo sabes, tú mismo lo dijiste.
Y sigues diciéndolo.

Veámonos, pues. Aunque no sé para qué cuernos.
Según, tú no podías con mi violencia.
Y, digo yo, si tuviera un ex violento, ni por error lo veo.

Pero anda, veámonos.
Que tengo ganas de reirme por dentro de tu eterna ambigüedad.
Que tengo ganas de oir qué tendrás para decirme.

Anda, veámonos.
Que tengo ganas de ver cómo se te da lo de morirte por mí...
... cuando a mí hace rato que te me moriste tú.

3 nov 2009

Tu, un mediocre. Yo, una idiota (Carta de mí para tí n°2)

Hoy se me antoja tenerte rabia.
Porque para eso pueden ser los días que siguieron a nuestro amor, no?
Para tenerte rabia.
No sé si llegué a odiarte, eso es mucho, demasiado mérito, no me atribuyo tanto.
Pero rabia sí te puedo tener.

Es que no, no creo quehaya derecho a que me hayas dicho tantas veces que te parecía perfecta tal y como yo era, que me hubieras hecho creer nuevamente en el amor, que por amarte ocmo te merecías decidiera someterme a un exhaustivo examen de mi ennegrecida, temerosa y defraudada alma y que, una vez rehabilitada (mi alma, yo, las dos, no sé), haciendo lo que mejor sé hacer (tratar de ser mejor), me dejaras arguyendo que con mis niveles de violencia no podías vivir.

¿Y qué niveles de violencia eran esos en una mujer que sólo vivía para quererte,
que argumenté hasta lo inargumentable y disputé lo indisputable, hasta con la gente más improbable, con el único fin de dejar en claro que eras mi mundo, mi pedacito de cielo amoroso?

¡Que hay que ver que para vértelas con la mediocridad, eras el único que hubiera podido dar la talla! ¡¡Y creo que hasta la superaste!!

De golpe, hasta siento rabia conmigo. Sí, porque hay que ver qué pedazo de pelotuda he de haber sido para creerme feliz y a salvo con semejante imbécil que eras.

Y que, por lo poco que sé de tí por cosas que me llegan y las gentes que me hablan, creo que todavía eres.

Hoy, de repente, te tengo rabia porque me haces sentir idiota.

27 oct 2009

Cartas de mi para tí. Número 1

Lo tuyo no tenía remedio.
Sólo ahora puedo verlo bien.

A estas alturas del partido me pregunto ¿Qué pude verte?

En algún punto sé que debíamos juntarnos.
Que eras lo mejor que me había pasado hasta entonces.
Que debías encontrar a alguien a quien amar.

Alguien a quien dedicarle todas tus lindas sonrisas
Y todos los chispazos de tus ojos negros.
Y todos tus pequeños poemas.
Y todos los poemas que tu amaste.

Alguien para quien una rosa fuera el mundo.
Y que el día de Saint Jordi/del Libro fuera un día de amor.
Y que tuviera la misma curiosidad tuya para leer
Y que no fuera de tu gremio

Alguien que pudiera leerte el pensamiento
Y corregirte las notas que escribías.
Y que se enfrentara al mundo entero de ser necesario.
Y que se volviera un ovillo tierno en tus brazos.

Sé que debíamos encontrarnos. Pero no entiendo qué te ví.

¿A dónde se fue todo el hermoso amor que nos unió?

Ese que ponía mis ojos a chispear
Y que me hacía sonreir desde el diafragma.
Y que me movía a abrazarte sin motivo.
y que me hizo olvidar todo el dolor que sentía.

Ese mismo que hacía que al menor amague de llanto tú me cobijaras
Y que me hacía predecirte hasta los insomnios.
y que te hacía sonreir cuando te tomaba de la mano
Y que me hacía creer de nuevo en los "te amo"

¿A dónde mierdas se nos fue?

¿Cuándo se nos deslavó el cariño que todo lo barnizaba
Y la indolencia te arrebató el deseo de hacerme sonreir
Y la frustración me colmó las ternuras que te prodigaba?

¿Cuándo mierdas se te ocurrió que yo era violenta?
¿Y cuándo se te olvidó que yo no soy esencialmente sino ternura?

Que debíamos encontrarnos, lo sé.

Yo debía encontrarte para volver a creer en el amor.
Y para superar todos mis miedos a confiar en otro querer.
Y para recuperar el valor de las palabras "te quiero"
y para sanar los raspones que le hicieron a mi alma de niña inocente.

Tú debías encontrarme y yo a tí.

Yo necesitaba reencontrarme a través de otro ser.
Exactamente para corregir la forma en que me perdí.
Y para poder volver a sonreir.
Y para bañarme de los colores que enmarcan mi rostro hoy día.
Y para jugar con las ondas de los miedos que antes me consumían.

Por eso, ¿olvidarte? ¿Cómo te olvido?
Si fuiste tantas cosas hermosas para mí...

Pero no sólo no debo recordarte, sino que debí desterrarte.
Hube de arrancarte de mi pecho de un plumazo
Hacer de cuenta que nunca me fuiste completamente honesto
Ni totalmente deshonesto...
... sobre todo en lo que respecta a tus "te quiero".

¿A dónde, pregunto, se nos fueron esas miradas hermosas y ese amor infinito?

Hoy sólo sabes mirarme con miedo.
Se te olvidó que sólo soy esa niña tímida, de mirada despierta, de ojos de luz y sonrisa de fresa. Y de besos de mango. Y de abrazos de sorpresa.
Esa misma niña que era tu bruja y tu damisela.
Que te secó tantas lágrimas y te celebró tantas risas.
Y que te calló la boca cuando quisiste justificar tu partida.

Y hoy sólo sabes mirarme con miedo... a mí!

Que sólo supe echarme a llorar cuando dijiste que te ibas.
Que olía que no era la razón que me dabas, sino la que te escondías.
Que te amaba con todo lo que era mi corazón.
Que me había dedicado a curarme para amarte como merecías.

Porque tú, para mí, merecías lo más hermoso que pudiera darte.
Y te fuiste con un cuento raro, un miedo falso y un olvido eterno.

Hoy sólo sé agradecerte y tenerte una curiosa mezcla de rabia y menosprecio.

Te agradezco haberme dejado sola, así aprendí a crecer.
Te agradezco haberme mentido al partir, así sólo supe que eras un cobarde.
Te agradezco haberte ido por etapas, así aprendí a sanar viejas heridas con el funeral que de tí hice mientras embalaba tus enseres para que los buscaras rápidamente en un trámite que no demorara mucho para que no me doliera tanto.

Me da rabia haberme fijado en tus cosas buenas nada más y no haber visto tus mordientes defectos.
Me da rabia tu cobardía para decirme la razón sincera de tu partida.
Me da rabia considerarte tantas cosas buenas en mi vida (a pesar de que sea cierto todo) porque al final, al partir, echaste todo por tierra y quemaste el jardín al partir.

Te miro y me pareces insufriblemente mediocre.
Te miro en la cara el miedo que dices te despierto... y me das risa.
Te leo tus comentarios de cuan felíz eres con tu presente y lo poco que eso concuerda con tu insistente deseo para reencontrarnos.
Eres una contradicción llena de dudas, una ambigüedad consolidada.
Y te me haces tan ridículo...

En esos momentos me pregunto qué pude haberte visto.
Y concluyo que el amor es ciego, bruto y sordo.
Y me da por pensar que, entonces, lo que siento por tí es odio.
Porque más te veo y más me critico los gustos.
Más te leo y más te desprecio.
Y más me miro amándote y menos me entiendo.

Logras hacerme sentir ajena y absurda en mi pasado...
... a mí, que siempre fui y cohesioné tanto en nuestra relación.

Entonces veo lo que hiciste conmigo y concluyo que, contigo, te llevaste mi ingenuidad, mi inocencia y mi arrobamiento.

Sólo me dejaste hecha una sal compuesta en el platillo de la balanza.
Peso más que antes.
Soy más compleja que antes.
Soy el resultado de varios procesos...

... y te agradezco por hacerme ser lo que soy...
... y te odio por hacerme llegar aquí a través de tanto dolor.

Porque sí, a fuerza de tanto amarte, convertí el dolor antiguo en admiración
Y cuando me abandonaste, se me cayeron todos los credos al piso y me volví suspicaz.

Así que, más que miedo, deberías tenerme admiración.

Porque, a pesar de lo que fuiste al principio en mi vida, al final sólo fuiste exactamente lo que fue el otro, el anterior a tí, el que tanto me quitó y tan poco me dió. Ese que tanto juraste que yo no tenía razones apra recordar pues se había acabado y jamás serías nada parecido para mí...

Un calamar asustadizo que tras una nube de tinta desapareció de mi vida para no regresar jamás.

Entonces, ándate, vete.
Ya no me importas nada. No me dueles un bledo.
Sólo me inspiras una mezcla de gratitud y desprecio.
Y ninguna, mi petiso querido, son suficientes para decirte un "te quiero".