19 jun. 2011

Alas para volar

Mirar al cielo...
... es tan normal hacerlo en medio de nuestras tribulaciones, en nuestros momentos de desconfianza, ante la incertidumbre frente a lo que el destino nos deparará, cuando sentimos que la fuerza nos abandona o cuando buscamos inpiración para completar una tarea, o una luz para definir mejor nuestros sueños.

Mirar al suelo...
... es tan natural hacerlo cuando tenemos miedo, cuando nos sentimos avergonzados por algo que dijimos o hicimos, ante el orgullo que nos calcina pues sabemos que el otro tiene razónpero nosotros no queremos admitirlo, en caso de que el esfuerzo nos sobrepase o cuando la fatiga nos vence.

Hubo una época en la que caminé por días, semanas y más de un año, cabizbaja. Juré que nunca más lo haría el día en que me ví en una foto de grupo: caminaba al final del grupo, sola y cabizbaja. La vida me agobiaba entonces porque yo no me daba cuenta de que lo que me estaba maltratando era mi empeño por desoir a mi corazón.

Hoy me dí cuenta que mis hombros tienden a irse para adelante, como cuando cargamos un gran peso. A veces camino ligeramente cabizbaja, para evitar los baches en las aceras. No es ya por vergüenza. Hoy he decidido que voy a caminar viendo al frente, mirando ocasionalmente a las aceras por las que camino. Hoy he decidido hacer una pausa y revisar el bolso que llevo, a ver qué pesa tanto. Está bueno ya de andar encorvada por la vida.

Si defino mi profesión como "responsable de darle alas a los que toco, para que vuelen lejos", ¿por qué he de cortarme las mías? ¿Por qué habría de impedirme volar?!

Me toca revisar... y voy a descartar lo que sea inútil en ese bolso que arrastro a cuestas desde hace 30 años.

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