31 may. 2009

Tu verdad, mi verdad

Era un hombre aburrido, según decía de sí mismo. Con los ojos llenos de fijeza en la persona a la que escuchaba y pestañas tan largas que se diría que buscaban el cielo. Se definía así porque decía que no era muy conversador e incluso, a veces, pecaba de algo que él llamaba "vacío".

Lo cierto era que estaba lleno de vida. Su piel delgada y dorada recubría un cuerpo fibroso, atlético y esculpido centímetro a centímetro. Sus brazos diríanse de hierro pues eran capaces de coger por la cintura a un tronco nudoso y alzarlo de golpe del suelo. Eran sus manos delgadas, impetuosas y limpias. Poseedores de unos dedos ágiles, capaces de las caricias más tiernas .

Sus cabellos desordenados y de color castaño-rojizo se alzaban rebeldemente en mechones hacia el cielo y se oponían a la estratégica teoría según la cual deberían reposar en calma horizontalidad. Sus sonrisas eran capaces de inducir a las sonrisas más sinceras y más completas.

Su palabra sincera y sentida no era desperdiciable ni la usaba para llenar un vacío sonoro: sólamente disponía de ella para expresar aquello que hubiera meditado, concebido, analizado o concluido de todo lo que se le contaba, comentaba o decía. Y siempre era firme y amable, enunciada por una voz grave, profunda y melodiosa.

Y aún así, se consideraba un ser normal. Perfectamente aburrido por ser, lo que él llamaba "simple".


Ella, pequeña y menuda, de piel de porcelana, de ojos de esmeralda y labios de fresa; con una voz cantarina, repleta de risas y de alegres palabras; de manos ligeras, nudosas y curiosas; con cuerpo de guitarra, piernas de hierro y mirada de cristal, lo escuchaba embelesada mientras acariciaba un mechón de su cabello, un tirabuzón que había ido a acunársele al lado del ojo derecho.

El miraba ausente el atardecer desde esa ventana por donde se ponía el sol. Prendía un cigarro de esos de fuerte tabaco. Ella, aún desnuda, jugaba en la cama a ser su gatita menuda. Preguntaba con curiosidad sobre cosas, muchas. El pensaba, respondía y de vez en cuando inhalaba otra bocanada de su cigarro de fuerte tabaco. Volteaba a mirarla de tanto en tanto y se quedaba contemplando aquel espectáculo de piel caliente con textura fría, de ojos lindos con reflejos de amor, de labios frondosos con sabor a timidez primero y luego lujuria. La escuchaba, se sonreía, inhalaba otra bocanada y la lanzaba afuera, por la ventana, mientras se giraba de nuevo y cambiaba el ángulo de la visual de todo su cuerpo. Un caleidoscopio de ternura, picardía, complicidad y sensualidad. Y él lo sabía...

Lanzó el filtro del cigarrillo por la ventana tras extinguirlo al dorso del cuarto. Lanzó su última bocanada de aire y ella se giró nuevamente, con ademán de recibirlo espléndida, alegre, entera. El se aproximó a ella con un mirar de ternura y un aire de gula. Se sentó al lado del rostró de ella y suavemente le acarició la mejilla, el cuello, un lado del pecho (aquel donde su corazón se estremecía de contento) con el dorso de su mano. A la altura de su cintura se detuvo, se echó hacia atrás para contemplar mejor su carita de luna y miel, de estrellas y paz, se apoyó en sus manos, detrás de su espalda, y le dijo así:

"Sabes? Soy un hombre aburrido... hablo muy poco. Y tu eres muy lista. Y las palabras te parecen pocas."

Y ella, pensando en lo relativo que todo eso sonaba, porque para ella él no parecía ni sonaba aburrido, sino absolutamente interesante, puntual y muy medido, respondió:

"Eso es lo que tú piensas de tí. Y te sorprendería oir que yo pienso de mí que soy una hablachenta miedosa del silencio, que llena su cabeza de ideas porque tiene miedo de encontrar las suyas propias y cuelga en el silencio palabras porque teme escuchar su propias palabras"

El se acercó a su rostro con una sonrisa, le tomó con la mano la mejilla, puso suavemente sus labios en los de ella y los deslizó despacito, en un beso de ternura indecible y sensualidad impetuosa. Luego se acercó a su oído y le susurró:

"Tienes razón, todo es relativo... me gusta más lo que pienso de tí que lo que tú crees de tí".

Y toda la conversa terminó cuando ella lo abrazó y a contrapelo acarició su tensa y esbelta nuca.

3 comentarios:

Myself dijo...

tienes un punto de vista... siempre muy diferente al mio en muchas de las cosas que puede ser que tenga en comun la vida de todos...


escribes situaciones desde una perspectiva completamente diferente a la mia..


besos pequeña Laura..

Lulu dijo...

Hm! Puede ser, cada quien tiene un mundo en su cabeza que marca diferentes temperaturas frente a los mismos fenómenos.

Una vez le dije a una amiga que todos tenemos un juego de ajedrez en la mesa, pero cada quien usa las piezas de maneras diferentes. Unos sacan primero el alfil y otros la torre... por ejemplo.

Me gustaría que me ampliaras todo por el e-mail... no sé qué situaciones me comentas en la frase de "escribes situaciones desde una perspectiva completamente diferente a la mía"...

Besos, mi niño O. Y, por cierto, ¿quién es Laura? Mhh...

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Yo me entiendo...