15 jul. 2011

Las melenas en los hombres

Porto el cabello corto porque no sé qué hacer con tanto cabello, tan pesado, tan grueso y tan lacio desde mis 17 años. Y soy de esas pocas mujeres que ganó, gana y seguirá ganando con el cabello corto y la nuca despejada.

En mi país, sin embargo, la "belleza femenina" parece estar dada por el largo de la cabellera. Mucha gente, visto que yo no me dejo los cabellos largos (para deleite de mi estilista, que juega con cortes y colores), me pregunta "Por qué no te dejas los cabellos largos?"

Y mi respuesta no dista mucho de lo que dije en el primer párrafo. Suelo no añadir algo que, en materia de practicidad, a mí me choca mucho en la visual: ¿para qué tener el cabello largo si, de todas formas, se tiene que llevar recogido porque me molestaría en la cotidianidad el tenerlo permanentemente suelto? ¿De qué me serviría tenerlo largo si, al final de todo, iba a parecerme más a un hombre (cabellos muy cortos, engominados al cráneo) porque lo tendría en una cola de caballo todo el tiempo?

Mi mente, que no es más dispersa porque no puede, me hace pensar en el concepto de "cabello = sex-toy" del mundo islámico y parte del judío: las mujeres esconden sus cabellos ante el mundo pues son objetos sexuales que sólo descubren ante ciertos elegidos en la faz de la tierra. En cierto modo, las occidentales que, a pesar de sus cabelleras larguísimas, prefieren un recogido discreto, ¿tienen un poco de ese pensamiento en la cabeza? Ni idea. En el fondo, mientras más mundo veo, más me parece que todos somos un poco lo mismo...

Para mí, simplemente, un cabello firmemente recogido las acerca más a un hombre que a un ideal de feminidad. Y ayer me dí cuenta de cuán patente era esta última idea para mí: sucumbí ante una melena en una cola de caballo.

Soy mujer sin criterios masculinos de belleza. Para mí, "la belleza es algo que va en los ojos del que la observa". Mi "prototipo" de hombre es más o menos definible pero poco "asible". Si digo "un hombre de cerca del metro ochenta, de piel ligeramente tostada o más clara, nunca blanco inmaculado, con cejas pobladas, ojos oscuros como su cabello y pestañas de infarto" podría decir que sí, que tiene definición. Pero si el cabello es rizado y largo... ya no me importa si es rubio nórdico: tiene cabellos largo. Y con rizos. No importa si los lleva en cola de caballo o sueltos.

No puedo definir en qué edad exactamente empecé a amar a los rizos. Me encantan los rizos. Despeinarlos, enroscarlos en mis dedos, deshacerles la onda y soltarlos para verlos bailar en el aire hasta recuperar su forma natural. Tienen cadencia propia cuando con ellos caminan y hasta cuando se ríen. A mis amigas con los cabellos rizados nunca les digo que les quedan mejor los alisados. Bendita manía de las venezolanas de quemarse los cabellos para alisárselos... días y horas invertidas en secadores, planchas alisadores, desrices y demás artilugios para cambiarles la forma que tienen que es, de paso, her-mo-sa...

Pero lo de las melenas largas tiene fecha: cerca de los 23 años. Y por culpa de mi amigo-hermano. Quien tenía un amigo con una melena hasta la mitad de la espalda. Y me encantó. La amé. Jugaba con ella mientras hablábamos esperando turno para hacerle visita en la clínica a mi amigo-hermano, luego de un accidente de tráfico. Yo hablaba con la melena, viéndolo bien. Y la melena se valía de la boca de él, creo, para responderme. Nos hicimos amigos porque a mí me interesaba que él me hiciera el favor de amigarme las vías hacia su melena. Pero hasta ahí llegó todo. No me iba a ennoviar con el personaje por su melena hechicera. Logré ver claro al final. Que tienen voces de sirena, los cabellos largos en los hombres, para mí.

Así, desde esa fecha, desde ese entonces, toda la vida. Hombre con cabellos largos y yo babeo. Y babeo más y más aprisa si, encima, son bucles, ondas o rizos.

Ayer, decía yo, volví a analizar todos los clichés de mis gustos masculinos. Todos!. Estaba en una farmacia con una amiga y mientras ella pedía el medicamento en el mostrador, a mí se me ocurrió voltear a mi izquierda, aburrida luego de esperar 10 minutos a que nos atendieran. Y sucedió. Un cuarentón, con sus canas y su melena abundante (nada de calvo adelante y peludo atrás, NO!! Dan asco esos así), plagada de bucles alegres como su sonrisa, se despidió de la chica que lo atendió. El hombre sonrío y se dirigió a la caja. Caminó hacia mí y yo veía cómo se acercaba con su nariz perfilada, su sonrisa calma y su melena brincándole detrás de la espalda... hasta posicionarse en la caja que estaba justo a mi espalda.

Me dí la vuelta. No pude resistirme a los encantos hechiceros de esa melena. Y empecé a hablar con ella en silencio. La veía admirada. En algún punto, el señor debe de haber notado algo porque volteó a verme y yo le miré directo a los ojos. Sonrío. Me disculpé. Me dijo que no lo había tropezado. Le dije que no era por eso, sino porque estaba conversando con su melena. hizo un gesto de extrañeza y me preguntó "¿mi melena?". Le dije que sí, que su cola de caballo. Sonrió "ah! Mi cola de caballo... es muy complicado tenerla suelta". Y le dije "lo mismo decía de su melena un antiguo amor que tuve (para qué decirle nada más? Muy complicado explicar todo...). Lindas las melenas en los hombres. Son muy pocos los que las usan. Son menos los que las cuidan. Le luce. Disculpe que se lo diga, pero le luce"

El hombre sonrió, terminó de cancelar, yo había volteado para otra parte, a ver un folleto. El se despidió al terminar y me dió las gracias. Mi amiga, que no sé desde qué punto había oido la conversa, se me quedó viendo...

"Bueno, y qué querías que hiciera? Que me muriera y reencarnara otra vez para perder el miedo a decírselo? Le queda bien su melena y me parece be-s-ti-a-l que la use así, con sus canas! Le queda brutal... y a mí me dió un morbo fatal y me puse torpe y patosa para disimularlo! Así que se lo dije..."

Y no me dijo nada, sino que era una boba y loca. Y se reía.

Pero sí me dió la razón en que se le veían bien las canas al hombre.

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