10 jul. 2011

Escrito el 2 de agosto de este año

"Se presume que podría ser una campaña orquestada por la oposición"

- Vivo en un país con una polarización política que raya en el odio irreconciliable.
- Vivo en una sociedad librada a su suerte en todo sentido: los huecos en la calle los resuelven los vecinos o no los resuelve nadie.
- Vivo en un país con una corrupción política tan impresionante que la importación de comida para el país se volvió un negocio para los responsables en los ministerios. Pero llegó al colmo de su flagracia el día que sus múltiples incompetencias revelaron toneladas y toneladas de comida en containers en los puertos nacionales.
- Vivo en una sociedad donde hay que dar gracias al cielo por tener los servicios básicos completos.
- Vivo en una ciudad donde las prisas riman con insultos; donde el tráfico supera los límites de la imaginación de cualquiera en cuanto a la extensión, densidad y violencia y donde se padece la tenencia de un carro casi tanto como su falta.
- Vivo en una sociedad inmersa en la apatía, la complacencia o la resignación.
- Vivo en un país donde el futuro profesional se vincula groseramente con la filiación política que "castiga a los traidores".
- Vivo en un país en el que para algunos somos "aguilas" y, para otros, somos "osos" en una guerra fría que sobrellevo económica, cultural y políticamente puertas adentro y afuera de mi individualidad.
- Vivo en una sociedad en la que me siento como, imagino, se sentiría un tulipán... en un dorado campo de girasoles.
- Vivo buscando, en mi cotidianidad, una razón para sonreir, para seguir sonreir, para no dejarle la partida ya ganada al desánimo y el fatalismo. Sueño y escribo para seguir animándome a "algún futuro" en una sociedad de zombies o de vivos repletos de terror.

¿Crímenes de "Lesa patria"? Los he vivido. Sigo padeciendo sus consecuencia.
¿Crímenes contra los derechos humanos? tenemos archivos llenso de eso.
¿Crímenes de "lesa humanidad"? Soy un ejemplo perfecto. Hasta mi carrera profesional ostenta sus heridas aquí.

Que nadie me diga entonces que yo no puedo, que yo no debo, o que no debería hacerlo. Tengo cuatro años sobreviviendo al sistema. Y dos años plantándole cara a la indiferencia y la apatía.

Para mí no hay "no".

(Escrito el 2 de agosto)

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