18 ene. 2011

Del Tártaro al Olympo

Procedo directamente de la fuente más pura y grande de luz.

La celestial.

He descendido a lo más bajo que pude llegar nunca en mi vida.

El abandono de mí por mí misma.

Y por haber conocido el Tártaro después de venir del Olimpo, sé cuan etéreos somos:

A un hombre podrás quitarle toda luz y dejarlo en la más ciega de las noches, que se guiará meramente por la luz que de su conocimiento o sueños de luz emanen.
Quítale la capacidad de soñar y lo habrás matado en vida.

Sólo quien ha sufrido sabe apreciar la alegría más pequeña.

Sólo quien ha reido amplia y libremente sabrá reconocer la más pequeña de las molestias.

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