16 may. 2010

Notas de baile

A Puccini lo asocio con el verde.
A Ravel con el naranja.
Tchaikovsky es azul.
Haëndel, para mí, tiene doraduras.
Chopin es de violeta y el rojo es asunto que sólo sabe lucir Beethoven, aún en sus obras más depresivas.

Para mí, la música es asunto de los oidos y las emociones.
Siento que las palabras son asunto de la boca y el corazón.

Pero para un bailarín, es asunto de músculos, tendones y huesos todo lo que la música, las palabras, los colores y los sentimientos nos hayan de decir.

Y son tan sinceros que hasta sus miedos se entreven en las costuras del personaje que interpretan.

Pero, al final, de la obra que es un baile, sólo nos quedan pinceladas y detalles que nos iluminan la vista y nos llenan de colores el corazón.

1 comentario:

[ berna ] dijo...

Oh mi luluciérnaguita!!

Es, a veces (por no decir siempre), inevitable permear cada sentimiento en los personajes que uno trata de ser.

Recuerdas Soledad? y cómo escribí de ella, y cómo me marcó? era justo el momento para bailarla. Ahora me pregunto, cuando la vuelva a sentir en mis venas, si será la misma Soledad después que el tiempo ha pasado. Quizá hasta sea mejor y ojalá porque ansío mi reencuentro con ella.

Y así vamos sintiendo la música en las emociones y se hace tan tangible que la sentimos en los músculos y tendones...hasta en los tobillos! :)
Proporcionalmente es poco lo que ve el público respecto a lo que realmente pasa dentro de nuestras almas danzantes, pero algo sí es seguro. Se ve.

Por cierto, para mi, Ravel es rojo escarlata y Beethoven más bien verde, azul, turquesa... por ahí!
Pero Tchaikovsky.. *suspiro* él es como un arco iris intenso de los que te alegran el día completo!

abrazos!!