12 nov. 2009

La Chayo

"La niña Petrica se cayó en el pozoooooo"
Así gritaba el niño, frenético, la mañana de ese día donde Rosario recibiría su baño bautismal de creolina, pues el pozo del que hablaba era el pozo séptico que la familia había clausurado años atrás.

Era Rosario una niña menudita, de paso firme y mirada alegre, de trenzas castañas apretadas y padre severo de gruesas muñecas y anchas espaldas. Su madre velaba porque los vestidos de ella y su hermana se mantuvieran impecables y los calzones de su hermano no tuvieran agujeros. Los tres corrían y jugaban al escondido en un jardin que se había quedado enorme aún para el fornido padre, quien había decidido entonces hacerse acompañar de un asistente: el viejo Fortunato.



mbarrada hasta la cintura, hubo de sufrir los vejámenes de ser bañada al aire libre, en aquel jardín que era de su familia con "un buen desinfectante": creolina.

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