2 nov. 2009

Han pasado años desde aquella primera discusión.
Desde aquel primer roce que nos plantó cara a cara frente a un abismo, con riscos diferentes. Tú en el tuyo, yo en el mío.

Han sido años de no tenerte, de no entenderte. De no tenerme, de no entenderme.
Años han pasado, palabras se han dicho, hipótesis nos hemos configurado.
Te propongo empezar de nuevo. Borrar lo que conocías de mí desde antes.
te ofrezco mi olvido de todo loq ue me has dicho, todo lo que nos hemos dicho, todo lo que nos hemos gruñido en momentos en que no nos entendimos.

Al fin y al cabo, cambiamos de roles y no nos dimos cuenta.
Soy una inversión costosísima, amada e imperfecta.
Años, sudores, esfuerzos, carreras y desvelos me hicieron la que soy.
Y un poquito de mi porfía, admitámoslo.

Tú también eres el resultado de muchas carreras, esfuerzos, sudores y angustias
Y también de un poquito de tu porfía y bastante entereza.
Si, ¿verdad?

Tenías tu rol definido, por años, en nuestra relación.
Ahora las cosas cambiaron. El rol cambió. Te sientes que tienes más preguntas que respuestas. Te sientes menos importante que antes.
Recién acabas de comenzar a ser importante. Jodidamente importante.

Para mí también cambió todo. Todo. Y me llené de tantass dudas como de certezas. Me creí superior a tí por un momento y efervescía de ideas, acciones y planes.
Sentí el poder de mis decisiones, la rotundidad de mis acciones, el abrupto caer de mis sueños. Cosas que pasan, dirían por ahí.

Y mientras más tratabas de recuperar el viejo rol que tenías, el único que conocías, te tiraba yo en cara que el método no sólo no funcionaba, sino que merecía mi desprecio.

Tuve que adaptarme a mí. Y tenía que lidiar contigo. Te enseñé, malamente, poco a poco, a los gritos y los llantenes, a los silencios hoscos y las pausas infinitas, que tenías que cambiar el enfoque de tu rol. Tus ideas. Tus conceptos.

O nos amigábamos o nos matábamos.

Con lso años hemos crecido, nos hemos influido, nos hemos odiado y amado. Nos hemos cuestionado miles de por qués, nos hemos reprochado y auto-reprochado tantas cosas

... tantas cosas.

Y nos hemos perdonado tantas cosas... muchas más.

Nos ha quedado bonito el trabajo. A los palotazos, pero nos ha quedado bonito.

Pero seguimos teniendo trabajo por hacer.

Soy otra. Eso lo sabes. Pero no lo aceptas. En esencia soy la misma. En el fondo soy igual. Es la misma dulzura lo que marca mi caracter. Es la misma tozudez la que marca mi empeño. Es la misma terquedad la que define mis levantarme, sacudirme y seguir.

Pero no los empleo como antes. No los esgrimo como antes. No los uso de barrera como antes.

Proyectas en mí tus miedos. Yo no tengo miedos que proyectar en tí.

Me ves imperfecta. No sé cómo verte a tí, sino humanamente.

Quisieras más de mí, aspiras a más para mí. Sé que, si lo quiero y lo hago posible, me bastaré para lo que quiera y me sobraré para lo que consiga.

Te molestan mis arranques de autosuficiencia. Y tú tienes los tuyos desde siempre y aprendí a tolerarlos.

Me molestan tus excesos de protección. Pero entiendo tus argumentos y me pongo en tus pies.

Son muchas cosas que nos separan y tantas más las que nos unen...
... así que por eso, nada más, te propongo olvidar lo que fuimos y quedarnos con lo que somos.

Comenzar aquí con algo nuevo. Sin establecer comparaciones con lo que fui, lo que fuiste, lo que hice, lo que hiciste. Sin tantos anotados. Un cero igual apra ambas partes.

Que al fin y al cabo, podría quedarnos mejor el trabajo, podríamos mejorarlo. Y podríamos anotar muchos más tantos si trabajáramos en equipo. Y podríamos ser más que sólo una y otra.

Creo que, desde lejos, sin ser como tú, sólo siendo yo, empiezo a entenderte mejor, mamá.

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