12 sept. 2009

En las afueras del hoy...

Brujas, Noviembre 18, 2005

Las 8:11 am. Un débil sol comenzaba a anunciarse en esta fría mañana de unos 6 grados centígrados. Me salía humo por la nariz y la boca. Abrigo, bufanda y guantes más la resignación que me da saber que por lo menos no llueve. Salgo de la estación del tren a esperar el autobús para ir a clases.

Un hervidero de cigarrillos de todos los aromas posibles, sumado a todos los colores de guantes y bufandas, chaquetas y sombreros, bostezos e indiferencias imaginables me aguardaba. Entre ellos me abrí paso para ver la pizarra del horario de los autobuses. Al mío, según, le faltaba un minuto para llegar. Me volteé para ver la llegada de otro autobús, esperando que me sacara del frío y la nube de nicotina... y allí estaban.

En la esquina externa de la caseta del vendedor de tickets. Allí, vestidos de ansiedad y sonrisas. El sostenía con una mano el manubrio de su bicicleta. Con la otra le abrazaba delicadamente el cuello, con sus dedos perdidos en las rubias ondulaciones de la ceniza cabellera de ella.

Allí, amparados por el viento, iluminados por el alba, en una neblina de bostezos y modorra, se miraban a los ojos y se besaban una y otra vez, con prisa, con brevedad. Entre beso y beso se decían pequeñas cosas que para ellos han de haber sido importantes. Yo alcanzaba a ver más el rostro de él que el de ella. Y por su manera de mirarla, esa mirada de ternura afiebrada, y su impetuosidad no me quedaron dudas de que la ama.

La ama con la certeza de que nunca el tiempo es bastante para besarla lo suficiente. Con la certeza de que cualquier pequeña ocasión para verla era poco tiempo para decirle todo lo importante que es para él. Con la certeza de que debía prestar toda la atención que pudiera darle a los ojos de ella y no a los ojos de alguien más que pudiera estar viéndolos.

La amó con todo lo que sentía en ese momento. Por culpa del implacable paso del tiempo, no le quedó más que tomar su bicicleta y alejarse de ella. Cada uno seguiría su rumbo.

Ella se quedó hablando con su amiga. El volteó a verla por última vez antes de subir al sillín de la bicicleta. Frente a mí, dos muchachas de la misma edad de ellos se reían a propósito de la escena que acababan de presenciar.

A las 8:15 am me quedé turbada en la parada del autobús en la estación de Brujas y una sola pregunta me pasaba por la mente...

"En qué momento nos convencemos de que el amor ha de dejar de ser esa erupción de ternura y ansiedad, esa necesidad de querer decir todo lo que sentimos (para que nunca nos sientan lejos) en un espacio de tiempo que siempre se nos queda corto, para pasar a convertirse en una perpetuidad de discretos afectos y vacíos de costumbrismo?"

Y me pregunto mucho más... pero eso no lo sabrá nadie ahora...

5 comentarios:

Potter dijo...

Lu...

Me encantó el reporte en la caji-box, jajaj sos un encanto de reportera!

Oye, estas reflexiones me saben como a Lord Harry de Dorian Gray, muy eficientes para solventar el desaliento, no crees?
un abrazo mi reina de letras y pasiones

Lulu dijo...

My sweetie pie!
Bueno, me dejaste tarea: me voy a tener que leer el libro porque no conozco ni pío! Hm.. .eso es un reto ;)

Será que hace 4 años, cuando lo escribí, viviendo tan cerca de Inglaterra, de alguna manera me "sintonicé" con el fino personaje?

Ayer, cuando lo seleccioné, también me pareció muy eficiente para solventar cualquier desánimo, es verdad... pero también para poner a la gente a cuestionarse, a reflexionar sobre sus propias vidas, a pensar en sus dudas y angustias o en sus aparentes fracasos y desesperos.

Al fin y al cabo, sólo nosostros somos responsables de nuestra felicidad! ;)

Un abrazote, mi cometa de colores y sueños! :D

[ berna ] dijo...

no pretendo dar una respuesta certera a tu pregunta, porque ella puede venir ramificada en todas las distintas maneras en que cada ser humano lidia con esto del amor...pero creo que básicamente el cambio sucede cuando nos acobardamos, o cuando dejamos que el miedo, en vez de usarlo a nuestro favor, nos venza.

[ berna ] dijo...

y adiciono... con este post y el del "ausente" pues si me has llevado a esa reflexión...si acaso más es posible, jeje.

Lulu dijo...

Berna:
El miedo... qué sabia...
El miedo frena, anula, paraliza, aniquila...
Reflexione pues...
Un abrazo de solidaridad! ;)