2 ago. 2009

Memorias: Carta de amor mitológica

Meulebeke. 18 octubre 2005.

Ven, ven a mí...
Yace en mi una flama que no se extingue, una pasión que se acrecienta al verte rondar cerca de mí, un río de emociones que se mezclan y se apartan, que se encienden o se apagan, al ritmo de tus miradas y tus caricias.

Sígueme, acerca tu alma a la mía. Sé que tu hoguera espera por mi madera para hacer un cálido chisporroteo de ternura y pasión. Baila, baila cadencioso siguiendo el ritmo de tus sentidos. Acércate despacio a mi piel que no puede contener mi ser...

Me escapo, y vuelvo... se han apagado las luces alrededor nuestro, nos alumbra tu luz en mis ojos y mi pestañear de gozo al saberte de mí, en mí... Tu boca musita una canción que acaricia lo más secreto de mí. Tus manos diseñan el contorno de un cuerpo que no abarca mi deseo. Tu piel pinta la mía con sudor de miel y lágrimas de caricias leves. mi voz se desgarra en los acordes de tu lengua lujuriosa...

Y se repite la eterna danza de los amantes en luna llena. Me dejo caer ante tus caricias, y recorro con mis dedos tu alma. Desnudo con mis manos tu voz y, al llegar al amanecer, se me abre tu ser en un segundo y por un instante somos dos en uno...

Me dejas temblando en tus caricias que duermen en nuestro lecho. Me hallo cubierta por la brisa del suave amanecer. Tú, como buen vampiro, has vuelto a desaparecer. Y mi respiración descansa y mi cuerpo busca seguirle. Sin verte, sé que estás allí: entre mis cabellos, enredado en mis pechos, cantando en mi cadera, durmiendo en mi cintura...

Qué hace un hada de luz amando a un vampiro?

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