31 jul. 2009

Páginas matinales. Día siete

Vienna propone en su blog un ejercicio que me pareció simpatiquísimo: por una semana, cada mañana, escribir 3 páginas de lo que sea. Como sea. Luego de la semana, detectar un tema recurrente, inventar unos personajes y escribir una historia.

Hoy es el sexto día de mi semana. Los invito a hacer el ejercicio. Si quieren saber más, o quieren hacer otro ejercicio, vayan a su blog!

Paginas matinales. Dia séptimo

Revuelvo furiosamente las gavetas de la memoria. ¡Socorro, necesito ayuda! En unas tengo recuerdos, en otras sensaciones; en otras adjetivos, en aquellas adverbios; luego las de los verbos, tengo pilas de sustantivos arrumados malamente en unas gavetas más acá y nunca consigo nada de lo que busco en la de los adjetivos porque la de las metáforas se desbordan y siempre se me caen y se me terminan mezclando con las de más abajo.

Me molesta eso. Busco una palabra y no la consigo. El tipo del archivo empieza a tirarme sinónimos. Y como ninguno me gusta, me dice, cruzado de brazos, que debería cambiar de idea. O de manera de expresarla. Y empieza a buscarme metáforas. Como ninguna me gusta, furioso, me arroja sustantivos a la cara, hasta que agarro un par y los veo como "posibles". Entonces se le baja la rabia y me busca verbos y me los muestra hasta que consiga alguno.

A veces, frecuentemente, me harto de buscar en una sección, en las gavetas que pertenecen a una sección, entonces le pido que cambie. El tipo de mi archivo es como yo: buena gente, pero fácilmente amotinable. A veces me grita en la cabeza y me manda a callar hasta que se me ocurra algo más concreto. A veces, hecho una furia, abre las 3 ó 5 ó 15 gavetas y empieza a tirarme, de 5 y 8 por vez, todas las palabras de la sección hasta que le grito, le exijo que se detenga.

Y como está de malas, de pésimas, de peores... se va al piso de arriba o de abajo a joderme la paciencia un rato, revolviendo también esas gavetas: las del inglés o el francés. Lo odio cuando hace eso pero, a veces, por un raro atisbo de luz, logro usar una de las palabras de esos idiomas para volver a la raíz del mío y buscar algo con la rima, la sonoridad o el sentido de aquella, según se ajuste al caso. Tengo la imaginación cifrada en la rima, la anotonímia, la sinonímia, la pluralidad, la ritmología y la coloridad de mis referentes visuales, táctiles y hasta lexicales. Incluidos los de otras lenguas.

El tipo de mi archivo es muy metódico. Si ando buscando una palabra sé que de nada me valdrá presionarlo: se me pondrá de malas pulgas y revolverá todo. No me gustan los desórdenes me desordenan la construcción de frases... lo dejo. El sabe que tiene 15 minutos como primer lapso máximo para buscarme la palabra que preciso. Su segundo lapso máximo, ya con descrédito de mi memoria prodigiosa para el interlocutor que me acompaña en el momento, es media hora a partir de que lo puse a correr por el archivo. A la gente siempre le digo:

"ya va, que el chamo del archivo lo está buscando, si no aparece en media hora, no existió. Y si existió, estaba tan vagamente atado a mi memoria, que lo echó a la basura y formateó ese pedazo del disco duro".

Quien me oye, siempre, por la razón que sea (sus mundos compartidos ocnmigo, sus metáforas insípidas o coloridas, sus sorpresas o sus descubrimientos y vaya a saber quién qué más le puede pasar por la cabeza a su vez), termina riéndose de mi comentario. Para que no me crea loca incurable o simplemente por lucirme por tener una argumentación lógica para una visión tan disparatada de mi cabez, le sigo explicando:

"¡Claro! Es que tengo 3 idiomas y medio, palabras, imágenes y metáforas en los todos... no puedo pedirle más al pana... déjalo que busque, el pobre, hasta que lo encuentre."

Sus risas se transforman en sonrisas y siempre me dicen cosas elogiosas, encomiables, divertidas, hilarantes, sospechosas de insultantes y también cómplices. Son las últimas, las primeras y las terceras las que más me gustan. Es que sí, me gustan los elogios más que los insultos. Como todos. ¿A qué sirve que lo niegue o lo matice a esta alturas del partido?

Resuelvo más dejándole "al chamo del archivo" buscar todo lo que deba buscar. Soy más yo cuando puedo jugar libremente con todas las palabras de las que dispongo. Pero sé que soy limitada, que tengo un muro del que no paso. Y como soy un arquitecto fusionado con ingeniero civil, como tengo a mal llevar lo de los límites y las limitantes, ando siempre buscando hacerle reformas al perímetro, la composición y las dimensiones de ese muro. Para ello no me queda sino leer.

Leo. Leo y devoro a veces. Pero la mayoría de las ocasiones, leo acariciando con los ojos las líneas y con al lengua las palabras. Me como las que más me gustan. A veces escojo los libros porque "tengo ganas de...". Ganas de cosas dulces, por ejemplo. Y me empacharé ese día de palabras dulces, de palabras elogiosas, de metáforas hermosas, de colores estridentes o sutiles, pero colores siempre. También tengo mis días de hundirme en las sombras y me apiño de dolores, de tristezas, de abulia, de pudores, de rencores...

Mastico despacio, trago con velocidad. Me esperan tantas palabras... Por eso leo con rapidez a veces y con lentitud otras: si las páginas están repletas de cosas que quiero atrapar, iré lentamente. Si el libro no es el ideal para el ánimo de colección que tengo ese día, me iré rápidamente, haciéndome un torbellino de imágenes y colores, sabores y sensaciones.

En esos casos, el chamo del archivo sufre horrores: le lanzo tantas cosas a la vez, tan inopinada y graciosamente que no sabe ni puede rechazarlas pero no sabe como clasificarlas todas. En esos momentos, sé, algunas se perderán. Pero no siempre me importa. Estoy a esa velocidad, lo que no sobreviva, no debía sobrevivir. El mundo se parará en algún momento para mí y todo lo que haya podido saborearme hasta entonces, será sólo para mí. Lo que no haya logrado resolver, no lo podré resolver. Lo que no haya podido probar, no lo podré probar después. No en esta forma física que me tocó en esta vida. Quizás en la próxima reencarnación sí. ¿Pero en ésta, siendo yo Lulú? No. Así que el chamo del archivo resuelva qué hacer con todo lo que me consigo, me gusta y le dejo.

No lo trato con ese desdén siempre. Al contrario, es frecuente en mí lo de considerarlo y saber valorarlo. Le tengo estima porque sé que sin él, yo sería menos yo, menos verbada, menos elocuente, más sarcástica por mis rabietas de no encontrar lo que quiero, más escindida y menos coherente de lo que soy.

Y, como para escribir este ejercicio hube de meterme a las prisas en su taller, lo hice saltar presuroso de la cama, lo hice correr en slips por ahí. Me compadecí y me puse medianamente conformista y le dije que no tenía que buscar en los otros pisos del archivo, sólo en la planta baja, el español, allí donde tiene su cama. El, como hoy amaneció de buenas, se puso generoso y me regaló todos los sinónimos, antónimos y metáforas que ven acá. Yo sólo había planeado un término cada vez pero él, superdotado, me sacaba dos y tres cada vez. No tuve corazón para ignorarlos y los anoté todos. Y sus ideas a veces se convirtieron en sugerencias nada más: les dí otro giro y quedaron como las leyeron.

Que cuáles son esas palabras que él me regaló y cuales las que yo sólo acepté como sugerencia? Luego se las comentaré. Más tarde. Al pobre chamo del archivo y a mí nos toca desayunar y preparé una tortilla esponjosa de petit-pois y queso parmesano con tostadas. Seguirá un yogurt de durazno. A ambos nos gusta desayunar bien, nos da energía para el resto del día. Y a él lo quiero consentir, después de todo lo que ha hecho, hasta ahora, en este día, por mí.

3 comentarios:

Vienna dijo...

Buena historia sobre tu proceso de selección de palabras. ¡Qué duro puede llegar a ser! Pero al final siempre salen las palabras.

Fool dijo...

que haces tu con un chamo adentro?

Lulu dijo...

Vienna: A veces me sobran y es asunto de que me encariñé con una y no la aflojo. Entonces busco qué le puede ajustar o hacerla resaltar.

Siempre llegan. A mí no me salen a veces, cuando simplemente me llegan.

Fool: Eh... No sé, pero es un chamo. Y siempre lo ví así, de hombre. Creo que es el mismo que tu calificas de "weón" y "marico"... ;)