19 jun. 2009

Perlas de sudor que corren por tu sien...

Esas perlas de sudor que corren por tu sien
que orlan tu candor, que guardan tu avidez.
Esas perlas de sudor que salpican tu piel,
que surgen sin control,
que corren sin pudor
son las lágrimas que la pasión vierte en tu piel,
con las que bañas tu pasión
y pintas mi desnudez.

Así solemos hablar del sudor en términos poéticos. Sí, el poemita es mío, me lo acabo de sacar de la chistera mental en 5 minutos, entre un sorbito de té y el primer despacho del trabajo de la mañana. No me estoy haciendo la importante ni nada... sólo puse un ejemplito de lo que, me pareció, es lo más plausible en el mundo literario cuando se nos habla de "sudor". Si les gusta el poemita, claro, me lo pueden decir.

El caso es que, el poema salió justo después de encontrarme por ahí un articulito que medio analiza los hallazgos de un estudio suizo sobre el olor corporal de hombres y mujeres. Según los suizos, los hombres huelen a queso (los hombres, no sólo sus pies) y las mujeres a cebollas o uva.

Y me quedé de una pieza al leer el estudio. ¡Claro! Porque yo siempre he tenido una especie de fetiche con el olor corporal de mis parejas en la cama cuando todo perfume que levaran puesto se borra. Sí, justo instantes después de que todas las perlas de sudor caen, se mezclan y se evaporan...

Inocencia pura, digámoslo así, eran cosas de la naturaleza que yo no entendía... hasta ahora, gracias a los científicos suizos. Y pensar que decir que soy fanática de los quesos, ahora, puede hacer que más de un avispado por ahí, que también halla leido el artículo, pueda llegar a pensar que tengo predisposición a la ninfomanía...

... que piensen lo que quieran. Siguen gustándome mucho los quesos. Y los referentes aromáticos en los seres que por mi cama han pasado.

Creo que es asunto de otra índole en el caso de ellos que, al decir que les gustan las cebollas caramelizadas no sé si hagan creer al mismo listillo que leyó el artículo, que son amantes que disfrutan del olor corporal de sus parejas, surcadas por hilos de pasión y salpicadas por gotas de satisfacción.

¿Habrá que estudiar ahora si las mujeres que más disfrutan de los quesos son mejores amantes y los hombres que mas disfrutan de los vinos y las cebollas los mejores amantes? Y si a alguien se le diera por estudiarlo... ¿cómo mediría aquello de "buen amante" o "buena amante"?

No sé, no sé. Me dieron ganas de ir a buscarme unas rebanadas de queso munster y sentarme a ver cómo establecerán esos valores y qué prueba usarán para determinarlo. Por lo menos divertido nos va a resultar por un rato... ;)

2 comentarios:

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Pero boluda!! cómo vamos a tener olor a cebolla!!
Qué asco!!
jajajaja
Y ellos a queso??? jajaja
Ta bien que te guste, pero de ahí a que el olor sea rico...
mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
Uvas te perdono.

Lulu dijo...

Miss No Cindy, no: Pero, boluda mía... ¿cómo contravenimos a los suizos? Si ellos dicen que los hombres huelen a queso, con lo puntuales, organizados y "suizos" que son ellos... ¿cómo los contravenimos tan ligeramente? :O

Ahora, a mi no me extraña que huelan a queso los efluvios naturales de las axilas masculinas suizas: entre tanto Emmental y fondues... hija mía, raro sería que olieran a sándalo! ;)

De todas todas, soy de las que se puede decir que está en un trance hormonal post-amatorio porque me da por recorrer a punta de nariz a la humanidad de mi amor-amante.

Eso y un trocito de Emmental, Brie, Gouda, Munster, Manchego... qué buena es la vida!!

Un besito... y gracias!