20 abr. 2009

Si yo pudiera...

"Producción, producción, favor reportarse a control técnico, favor reportarse a control técnico. Caso del archivo A-4382"

¿Por qué será que todo el mundo cree que las fábricas son sitios feos por fuera pero inmaculados por dentro? Si tan sólo supieran la realidad... ¡Ay! ¡Si la supieran! Se acabaría la sociedad de consumo ¡¡y las necesidades de cualquier índole tendrían que ser suplidas en casa!!

Paredes que se desconchan y cuyos restos de yeso bailan con los vapores de las marmitas que bullen debajo. Laboratorios con reactivos vencidos que no pueden determinar ya si los productos son aptos o no para su envasado. Ratas que corren por los pisos del almacén o los depósitos. Baterías que no funcionan y se substituyen con cables ilegales que roban la luz a otras áreas o directamente del cableado eléctrico de la zona. Hongos que germinan, se reproducen y mueren en las partes inferiores y los rincones oscuros de las paredes del depósito. Cajas mohosas de la materia prima que luego se usará en cualquier preparación. Operarios descuidados o vengativos que, luego de usar el baño no se lavan las manos... o juegan, encima de los productos terminados, con la cerilla que sacan de sus orejas.

¡Ah! ¡¡Las cosas que he visto!!Si tuviera la ocasión, haría carrera como inspector sanitario. No habría ni una sola fábrica en mal estado o con controles deficitarios. ¡Ni una!

Claro que, como inspector sanitario, me vería sometido a las trampas de los dueños o los encargados técnicos de las fábricas: seres aduladores y tramposos que me llevarían por rutas pre-establecidas para la inspección sanitaria. Escaparía así a mi vista el control de ciertas áreas existentes de las que yo no podría sospechar su mera existencia porque no vería las portezuelas o cortinas que las ocultan. Podría preguntar por algunas cosas pero como no son parte de la rutina que marca la inspección rutinaria, no serán cosas que deban ser de mi incumbencia y con una vaga respuesta habría de darlas por descartadas. Sería también incapaz de observar la vida que pulula debajo, detrás y entre las cajas y los equipos. Y también escaparían a mi vista las eliminatorias entre empleados en función de los saltos olímpicos de sus peloticas de mocos y cerilla...

... y es que, lógicamente, no tengo la ocasión de trabajar como inspector sanitario porque no me imagino cómo sería posible que ante el ministerio del trabajo declararan que en su plantilla laboral tienen empleados a fantasmas y almas en pena.

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