6 mar. 2009

Eso sólo lo sabe mi alma y mi corazón

-Tenía que suceder así. Siempre lo supe... que la iba a ver cuando menos me lo esperara, caminando por esa calle, que ahora era nuestra nuevamente pero de formas distintas y tras mucho sufrimiento. Lo sabía.

Tras un silencio, la confesión me sonó a intimidad que arde en el corazón. Decidí guardar silencio.

-Quince años... Eso no se le hace a nadie, decía yo con los ojos aguados. ¿Por qué se me aguaron? Me agradó haber sonreido, no haber cambiado la cara. Le mantuve la mirada. Pero sonriendo. Sé que se me veía una mezcla de sorpresa y cariño genuino... como si el rencor nunca hubiera existido. Como si nunca hubiera jurado que si algún día se me cruzaba por el camino, la iba a agarrar a reprocharle todo el dolor que nos causó... Se le veía la mezcla de agrado por verme y dolor por lo perdido...

Me veía el rostro y volteaba, inmediatamente, a ver sus manos. Luego sus ojos se clavaban al frente, directo a la nada infinita del cielo que nos veía. No entendía bien de qué hablaba pero el asunto, por la reconstrucción mental que se dibujaba en sus palabras, me pareció un marasmo de dolor y rabia que se removía. Sólo me le quedé viendo fijo, con ojos de tranquilidad. Algo de calma podría ayudar, me dije para mis adentros.

-En los últimos tiempos, gracias a lo del reiki y el tao, digo yo, supuse, pensé, llegué a imaginarme, que si algún día me la tropezaba, sería justo cuando el destino lo tuviera dispuesto para mí... si el asunto era necesario. Y llegué a pensar que en ese momento, si bien nos causó mucho dolor y crecí con una tristeza al respecto... y maduré con un "ladito mocho" por eso, supusé, creo, que por eso de mi crecimiento espiritual podría aceptar que sus acciones nos separaron y el dolor que yo siento es similar al que ella siente pero por razones diferentes. Y que entonces, a diferencia de antes, no estaría en capacidad de juzgarla ni negativa ni positivamente... sino que simplemente le daría vuelta a la página como si nada hubiera sido, como si nada hubiera pasado.

Allí me decidí a hablar:
-¿Y... es así? Digo, ¿te sientes como si hubieras dado una vuelta a la página?

-No lo sé. El tiempo lo dirá. Como te dije, me siento bien por haber tenido la capacidad de dejar que mi lado noble, el lleno de cariño, el inocente, el bondadoso, el compasivo o como lo quieras llamar, saliera a relucir. Ella bajó la mirada aunque yo no la ví a los ojos con ningún ánimo de reproche, sino con un tono de sorpresa y sin querer disimular la sonrisa que acababa de adquirir por una razón tonta. Ella fue la que llamó mi atención porque venía en la misma acera que yo, caminando hacia mí, y se me quedó viendo. Era una cosa como sorpresa y tristeza. Y creo que por eso, por tristeza, por haberse perdido nuestros pasos, nuestras andanzas, nuestras carcajadas y nuestras lágrimas... bajó la mirada.

-Pero -continué- ¿cómo te sientes tú? ¿qué sientes?

-Y no sé, me parece increible que tras 15 años de distancia y un vinculo familiar y uno religioso roto, sólo nos hubiéramos dicho un "buenas, cómo estás" sin que ninguna le respondiera a la otra, y sin detenernos para nada. No porque no hubiéramos querido detenernos, sino porque era mejor seguir... Yo siento que nuestras vidas se separaron por una decisión que ella tomó y de la que ahora se arrepiente por todas las cosas que, objetiva o subjetivamente, evalúa como pérdidas. Creo que no tengo capacidad para juzgarla porque a mí me dolió como le puede doler a una niña perder de golpe a una tía y una madrina, como le puede doler a una adolescente ver a su madre y a sus otras tías y hasta a su papá y al tío difunto, reunirse para hablar de documentos, papeles, herencias, acciones legales y penales que surgieron en esos 12 años a raíz de demandas, acusaciones y quejas que ella inició... por un pedacito de tierra que le arrancó de golpe a dos sobrinas y una ahijada. Eso sin mencionar las 3 hermanas y las risas del cuñado bonachón y tranquilo que quiso ayudarla hasta a mediar con su propia confusión mental.

Seguí viéndola mientras hablaba. Hizo una pausa y me miró fijo. Luego se vió los zapatos.

-No sé si será por esos zapatos rojos charolados que me regaló a mis 3 años, que a mí me gustan los zapatos rojos. No tengo sino un par siempre, no más. Pero tampoco puedo decirte si la perdoné del todo ahora o si ya la había perdonado y ésto sólo vino a darme en cara, como para confirmarme que mi corazón ya la había perdonado. Mi sonrisa fue de sorpresa y cariño genuinos. Mis lágrimas fueron de tristeza por todo lo perdido, porque era mi tía querida, la más cómplice durante nuestra niñez... y nunca entendí por qué la rabia con los adultos de mi familia, también me agarraba a mí.

Se le salieron las lágrimas.

- Y lo único que sé ahora (dijo secándoselas con las manos que luego, para a su vez secarlas, se frotaba en los pantalones) es que estas lágrimas no sé si son por nostalgia o por la rabia reprimida. La rabia de la niña que no entiende la lógica de la adulta, sino el dolor de niña que percibe la injusticia y se niega a aceptarla... o si es la adulta, lamentando tanto dolor en torno a tanta estupidez....

La frase final fue la que me demolió:

... Y lo peor, ¿sabes qué es? Que sé que ahora me toca a mí averigüarlo porque volver a verla, o hablarle, no me dará la respuesta. Eso sólo lo sabe mi corazón. Mi alma y mi corazón.

2 comentarios:

Eugenia dijo...

hooola es un sereto muy bien guardado,,, primera visita, espero volver... saludillos

el secreto de monalisa dijo...

y aun a mis años, me siento así, que bueno descubrir tu blog, un beso!