6 jul. 2010

Otra historia

Sus brazos la rodearon y ella, estática, se sintió frágil. La respiración de él le hizo saber que ya no había vuelta atrás y las escapatorias no eran plausibles. Así que cerró los ojos despacio y sintió su piel, nada más.


Sintió cómo él la miraba, centímetro a centímetro. Sintió el peso de su mirada mientras la soltaba poco a poco del nudo que sus brazos habían formado alrededor de ella. Sin abrir los ojos aún, sintió que la respiración de él se aceleraba y se acercaba a su rostro, a su cuello, a su torso.


Lo sintió descender por su pecho sin soltarle las manos de la cintura, el último eslabón de la cadena que lo mantenía atado a él. Ya no sabía dónde terminaban sus ganas ni dónde empezaban sus miedos. Alternativamente, en su mente se pintaron escenas de ellos antes, de ellos luego, de ellos en ese instante. Sin abrir los ojos, miró al cielo, exhaló una bocanada de aire que tenía comprimido en la garganta y respiró hondamente. Sintió cómo los dedos de él la oprimían firmemente en las caderas.


Y entonces abrió los ojos.


Se lo encontró cara a cara, frente a ella, sintiéndola, con los ojos abiertos pero inquietos: veían a derecha e izquierda, hacia arriba y hacia abajo, sin cesar, sin frío ni calor, simplemente abrumados por tanto por recorrer. Ella dió un paso hacia atrás y sintió cómo él la seguía y le cerraba los brazos alrededor de la cintura nuevamente. Al oido, debajo de su cabellera, lo escuchó respirar pesadamente y ella lo abrazó mientras él dejaba que sus manos recorrieran la espalda de ella hasta volver a posarse en sus caderas, a afirmarse en sus caderas. Comenzó a dibujar círculos con sus pulgares a los lados del vientre de ella. Ella comenzó a desinteresarse en el asunto de mantener bordes o fronteras se dejó hacer líquido.


Debajo de la camisa, los dedos expertos de él aflojaron los rudimentos de un aparato de tortura que se conoce como brassier. Debajo de todo, se aflojó la loba que habitaba en ella y el resto, es otra historia. Una que cada quien imagina y recrea a su gusto y guisa, de una manera hermosa y permisiva.

4 comentarios:

marichuy dijo...

Miss

He perdido el hilo en esto de la selección de la nueva Plantilla de su blog. ¿Ya se decidió?

Y sobre el post... qué ganas de dejarla a una picada, jajá. Es justo en el despertar (o inicio del rugir) de la loba, cuando la cosa se pone harto buena, jajá. Nomás la dejan a una con ganas...

Un abrazo

marichuy dijo...

PS Espero que mi comentario aparezca, porque Blogger ha andado medio loco

Lulu dijo...

Miss!
No, no me decido aún por la plantilla... ando en eso pero no me abunda el tiempo estos días.

Sobre lo otro, si sería tan amable, cómo se figuran esas ganas con las que se quedó usted? qué se imaginó?

De eso va este post, de provocar una lluviecita de ideas sobre posibles continuaciones o finales d elo que mi texto le sproduce a mis lectores :) Jugar a leerlos co-escribiendo cosas... así que, si quiere, bienvenida al juego!

Me lo puede mandar, también por correo, no se preocupe :P

Le mando abrazo...

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Y luego a la mina le viene y se quedan los dos con las ganas.
¡A la mierda!

jajajaja.

¡Qué relato tan hot, mi niña!


(ya quiero que llegue mi paquete)