10 abr. 2011

La oveja violeta

La vida se pasa en medio de correrías y carreritas.
Se compone de mil lecturas, o una sola.
De miles de melodías, o una sola.

Y lo que a mí me pueda parecer fabuloso, quizás te deje indiferente a tí.

Por eso hay tantos creadores, tantos artistas y tantas visiones posibles de un mismo tema.

Porque la humanidad es un infinito de repetición. Muy poca innovación existe en los temas más recurrentes de la filmografía, la literatura, la pintura, el baile o la escultura: nacimientos, inmovilidad, raptos, ausencia, belleza, plasticidad, celebración.

Cada cultura tiene sus normas, sus patrones, sus permisso y sus sanciones a sus prohibidos.

Cad auno de nosotros tiene sus reglas, sus decretos y sus aboliciones. A favor o en contra de sí mismo. Siguiendo la norma social establecida o contraveniéndola. Siguiendo la norma del clan (o familia, llámelo como quiera) o contraviniéndola.

Soy la oveja violeta de mi familia. Y no hay mucho mérito en ello. Simplemente decidí abrir los ojso y trato de hurgar en los límites de mí misma. Para vencer los límites que me autoimpuse o me impusieron. Ya no importa quién los estableció primero, sino que no existan...

No contravengo acuerdos sociales, no me rebelo a la sociedad. Miro, observo, analizo, critico. Puede que no se me haga caso, pero en mi mente construyo lo que considero que debería rodearme: una vida acorde a principios y valores más cónsonos con la naturaleza, con el ser interior nuestro y con la vida individual plena.

Quizás, así, algún día hagamos un mundo pleno.

No me importa ser sólo una en miles o millones. Me basta saber que quizás algo de lo que yo haga para mi propia paz mental, para mi propio bienestar con mi conciencia, en un gesto tan egoista como ese de "complacerme en mis creencias" haga que se accione el botoncito del cambio en más de uno que por ahí me vea, que por ahí coincida con uno de esos gestos míos de ecología o de alguna otra "rareza" mías.

Y quizás, así, algún día hagamos un mundo mejor.

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