3 sept. 2010

Eres libre

Te libero de la condena.

Eres libre de partir.

Aún no sé por qué tu simple recuerdo despertaba mi rabia.

Quizás fuera el sentir que había perdido mi tiempo al estar con alguien que, a la larga, resultó de tan poco peso en mi vida.

Te debo, sin embargo, sustancia.

Sí, me devolviste la confianza de ser mujer plena luego que yo era escombros de mí.

No me hiciste mujer, ya yo lo era por definición de sexo. Pero me devolviste la confianza de mujer. Eso te lo agradezco. Y te lo habré de agradecer siempre.

Pero no estuviste a la altura de lo que era mi espectativa de pareja. Me amaste en cuanto criatura frágil y emocionalmente dependiente. Siendo ya firme, segura, completa, te espantaste y, abrogándome culpas que yo no tenía, te fuiste.

Y luego, 3 años después, me veo plena, hecha, constituida, solidificada. Hice lo que nunca pensé que podría hacer: vivir sola y ser feliz así.

No puedo culparte por amar la frágil indefensión de las mujeres. En el fondo eres más macho que lo que tus padres pretendieron educarte y de lo que tú admites ser. Pero es una manera más de enfocar la vida. Y seguramente habrá quien te ame precisamente por ser así.

No puedo excusarme por haberme transformado en la que soy, haber crecido para ser quien soy. Sólo saqué provecho de lo que me fue dado a través de mis vivencias.

Así que, en la neutralidad con la que contemplo todo lo que nos pasó y todo lo que te hizo salir a toda prisa de mi vida batiendo puertas tras de tí, me doy cuenta que he perdido tiempo y energías mías al recordarte con rencor.

Pero lamentar mis energías o mi tiempo perdido, tampoco lo repondrán. Digamos que no estaba yo emocionalmente preparada para ver todo con la calma y la ponderación con las que lo contemplo hoy...

... así que, tampoco eso me lo reprocho ni te lo endilgo.

Quedas pues, libre de toda culap. De polvo y paja. De acusaciones o espantajos. Libre.

Sigue tu camino. Ya en mi corazón no hay espacio para recordarte sino como un ser que vino a mi vida a traer luz en momentos oscuros y a abonar el terreno que serviría para que otros caminos se abrieran ante mí.

Entre la arrogancia de pecar de soberbia, prefiero pecar de simplona: al liberarte, me acabo de soltar a mí...